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Querida Abuela:

 

Hace 37 años que yo te convertí en abuela por primera vez. Hoy que vivimos en lugares

separados por la distancia quería dejarte saber lo importante que fuistes durante mis años de formación. Ahora que tengo mi propia hija y pensar que un día yo también seré abuela, quisiera ser como tú. Quiero tener la fuerza, dedicación y fortaleza que tu posees.

 

Gracias por enseñarnos el valor a la vida, y a servir a la gente sin esperar nada a cambio. Tú le enseñastes a tus tres hijos a compartir lo que uno tiene con el necesitado. Mi abuelo, que fue tu compañero de toda la vida, siempre decía que tu nombre, Generosa, deba fe de eso.   

 

Siempre recuerdo que lo más importante para ti es tu fe. En mi memoria tengo imágenes de cuando yo me quedaba contigo, que tu te levantabas temprano todas las mañanas a rezar el rosario antes de ni siquiera tomar café. Tus rezos e interseciones no han sido para ti, sinó por el bienestar de tu familia. El domingo es el día más importante de la semana para ti. Después de hacer tus oraciones diarias te vas a misa. Y esa rutina no ha cambiado en casi 80 años.

 

El estar en familia es tu devoción. El visitar a tu mamá era una prioridad. Allá nos reuníamos todos, incluyendo tus hermanos, a pasar el día. Eso era una fiesta. Éramos muchos, así que se cocinaba en grande. Abuela, tú eres la mayor de tus tres hemanas y la segunda de nueve hijos. En casa de tu mamá, abuela Chala, era que se pasaban los buenos tiempos, tú jugabas domino hasta el amanecer. Eres una campeona del domino. Yo me acuerdo que tú con tan solo mirar las fichas, sabías cuantos puntos habían. Yo admiro esa habilidad de sumar y restar de memoria que tú tienes.  

 

Me acuerdo también de todas las instrucciones que le dabas a mi abuelo cuando él tenía que manejar el carro. Le decías cuando pegar el freno, cuando tocar la vocina y hasta a la velocidad  que podía correr el carro. A la verdad que mi abuelo tenía paciencia y mucha veces te preguntaba que si tú querías manejar el carro. Esto era algo contradictorio porque tu nunca aprendiste a manejar ningún carro.

 

Abuela, tú tienes el secreto del campo, de la tierra. Ese que muy pocos conocen. Ese que solo se aprende día con día. Para ti el sentido de orgullo cuando siembras y cosechas es de valor incalculable. Nosotros acá nos disfrutamos con mucho cariño los paquetitos de gandules, frijoles y verduras que tú con tanto esmero nos envías. Para nosotros son pedacitos de tesoro que nos llegan a través de tus manos.  

 

Abuela, por eso y por todas las cosas que tu haces y sigues haciendo por nosotros, yo quiero  darte mil gracias. Decirte que yo me siento tan orgullosa y tan afortunada de que tú seas mi abuela. No pude tener mejor abuela. En mi vocabulario la palabra abuela es sinónimo de amor, de ese gran amor que tú has brindado.

 

Te quiero tanto ABUELA Geno y mi mundo no sería el mismo si tú no estas en el!

 

Se despide, tu nieta Waleska